El continente de la desigualdad

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El continente de la desigualdad

El murmullo de las personas y el ruido de los autos van de la mano donde un sujeto pasa anunciando sus productos pero no se lo puede escuchar debido que hay bocinas y ruidos por doquier de autos que quieren llegar rápido a sus hogares. Los colectivos van llenos y desean llegar a horario, los autos se amontonan y los de tránsito intentar apaciguar el quilombo de automóviles que hay. Los niños le dicen a sus padres que tienen hambre y los padres les dicen que aguanten porque están por llegar. Parece que todos los conductores están apurados y el colectivo al fin llegó a la parada pero está muy lleno y el colectivero les  niega el acceso  porque están todos encimados. Los autos más humientos son los que hacen más ruido y lo malo es que la cola para cruzar el puente es inmensa y hubo un choque donde la policía aparece para  ver como alivianar el tráfico. Los camiones deben pasar por  la ciudad porque un tramo de la ruta está cortada por piquetes. Ya de tanto andar, se largó una tormenta donde los autos ya parecen haberse calmado, no había ni una sola persona por la calle y se  van llenando de agua porque las tuberías están llenas. No llovía desde hace varios meses y era por eso que quizás hubo mucho  quilombo en la mañana. A algunas familias se les mojó la rompa que habían colgado en el tendedero y los niños jugaban a los autitos y las niñas jugaban con las muñecas. Los abuelos tomaban  un vinito mientras leían el periódico, las madres ordenaban las casas y  los padres en la oficina esperando que sea hora de llegar a la casa. En una familia, una mujer lloraba en el hospital porque acababa de fallecer su hijo y los médicos no pudieron hacer nada para salvarlo, era su único hijo y no pudo tener más. Mientras la mujer lloraba, se sentía como los pájaros volvieron al aire libre después que la tormenta allá pasado y un hombre se le acerca a la mujer diciéndole que su hijo estaba viéndola desde ese árbol y que no quería verla triste, después cuando ella muera, podrá reencontrarse con su hijo. En el otro lado del parque, había un zoológico donde los animales protestaban porque  tenían mucha hambre y querían comer. Hace muchos años en estas tierras estuvieron acentadas tribus indígenas como los buoníes, omoníes y iseníes. Los buoníes predicaban rituales al dios de la sabiruria, mientras que los iseníes vivían escondidos en el bosque porque sino se escondían, los omoníes se los comían. Era muy trágico esa época, sobre todo, porque algunas tribus no diferenciaban entre lo que podían comer y qué no. Los buoníes no solo predicaban rituales al dios de la sabiduría, también eran muy bueno en la guerra y en cosechar en tierras que vayan descubriendo. Creían que el dios de la guerra estaba enlazado con el don de la demencia humana, por lo que solo iban a la guerra  cada cuatro años y eso no quiere decir que en ese periodo no entrenaban militarmente, pues, sus mejores guerreros se preparaban para que al cumplirse los cuatro años para asistir a una guerra. A los niños varones se los enseñaba a talar madera y errar hierro en la herrería, mientras que a las niñas le inculcaban que debían dar a luz a su primer hijo antes de los diecisiete años   porque después de tener a su primer primogénito, debían mandarlo a que lo críen las abuelas para así ellas se encarguen de bautizar en nombre del dios jaguar mediante la sangre de la luna llena, que consistía en cortarle las uñas y poner la sangre que chorrea en una vasija.

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