La amargura de la vida se debe a que los sementos del camino buscan apaciguar las penas con el objetivo de brincar las amargas y frias mañanas que poseen de manera radical las voces de los gritos oblicuos buscando la ternura de sus espejos.
Los espejos recaen en reflejar la oscuridad del silencio mostrando los placeres de los llantos y brindando apoyo a la libertad del decreto pleno.
Las rocas frenan el avance de la felicidad buscando felicitar a la armargura y apoyar la base de la serenidad.







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