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El Destino oblicuo

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Cuando las tropas imperiales vieron a Ezequiel y a esos cuatros hombres, lo primero en hacerles fue rodearlos donde Ezequiel intento defenderse con su cuchillo pero sabiendo que eran muchos, se atajo y lo llevaron a la prisión donde le pusieron en jaulas, Ezequiel estaba sintiendo como la muerte estaba apuntándole, sin saber cómo moriría, quizás era mejor recordar todos esos lindos recuerdos que uno puede decir que hizo bien las cosas y otras mal, pero de un lado estaba contento que se reencontraría con sus seres queridos en el cielo o en el infierno, solo deseaba morir dignamente, al menos que su muerte no sea tan dolorosa, Ezequiel fue por muchos años un gran hombre y soldado, no merecía terminar de este modo, solo se desea que pudieran escapar sano y salvo, puesto que Ezequiel fue un gran estratega, pero esto último no le funciono como se esperaba.

Bueno mi querido lector, ojala te este gustando la novela, debes entender que todavía no ha pasado nada, Ezequiel puede que se salve, solo estate atento a las ultimas paginas porque es donde todo puede suceder.

Mientras Ezequiel se encontraba pensando en todo lo vivido en su juventud, los hombres de maldecían por haber seguido las ordenes suyas arrepintiéndose por no haber dejado que los otros tipos lo matasen, se reían diciendo que él se estaba maldito y que Dios no se encontraba de su lado, Ezequiel los miraba pero no contestaba nada, solo deseaba ver a su hijo una vez más, su único heredero estaba a punto de quedarse sin padre, era lo más doloroso, porque él se había criado sin un papá que lo enseñara a ver las cosas de otra manera, pero por el tiempo se dio cuenta que a veces el mejor padre no es el que engendra, sino el que cría, como en su adolescencia lo hizo el difunto emperador Claudio Gago.

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