El Robo del Siglo
Había una vez un joven llamado Martín, de veinte años, que vivía en una pequeña ciudad. Martín era un chico inteligente pero desafortunado. Había perdido su trabajo y no tenía dinero para pagar el alquiler o comprar comida. La desesperación lo llevó a tomar una decisión drástica: robar un banco.
Martín pasó semanas planeando su golpe. Estudió los horarios de los guardias, la disposición de las cámaras de seguridad y las rutas de escape. Finalmente, llegó el día. Vistiendo un traje oscuro y una máscara, entró al banco con una pistola falsa.
El banco estaba lleno de gente. Martín se acercó al cajero y exigió todo el dinero en efectivo. El cajero, temblando, comenzó a llenar una bolsa con billetes. Martín estaba nervioso pero decidido. Sabía que no podía fallar.
Justo cuando estaba a punto de salir, las sirenas de la policía comenzaron a sonar. Martín miró hacia la puerta y vio a los oficiales corriendo hacia él. Sin pensarlo dos veces, se abrió paso entre la multitud y salió corriendo del banco. Los disparos resonaron en el aire mientras Martín corría por las calles.
Finalmente, llegó a un callejón oscuro y se escondió detrás de unos contenedores de basura. Respirando agitado, contó el dinero en la bolsa. Había conseguido lo que necesitaba para sobrevivir durante unos meses.
Pero Martín sabía que no podía quedarse en la ciudad. La policía lo buscaría sin descanso. Así que tomó un autobús hacia una ciudad distante, donde comenzó una nueva vida bajo un nombre falso.
Con el tiempo, Martín se arrepintió de su decisión. El dinero no le trajo la felicidad que esperaba. Vivía con miedo constante, mirando por encima del hombro en cada esquina. Se preguntaba si algún día sería atrapado.
El robo del siglo, como la prensa lo llamó, se convirtió en una leyenda en la ciudad. Algunos lo veían como un héroe, un hombre que desafió al sistema. Otros lo consideraban un criminal peligroso. Pero Martín solo quería una segunda oportunidad, una forma de escapar de su desesperación.
Y así, el chico de veinte años que robó un banco se convirtió en una sombra, una historia que se contaba alrededor de las fogatas y en los bares. Nadie sabía qué había sido de él, pero su leyenda perduró en el tiempo.
Fin







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