9 de octubre, 2022

¿Quién al reino y sus deberes?

En la época del Emperador Comodo alrededor de los años 190 tras una profunda e irreparable crisis personal que se reflejo en la paranoica forma de gobierno romana, comparada a Calígula o Neron, se corrío el fuerte rumor de la pronta e inminente muerte del emperador.

Asi fue como Décimo Clodio Ceionio Septimio Albino, más conocido como Clodio Albino que era uno de los más importantes pretendientes al trono del Imperio romano tras la muerte del emperador. Si bien la historia nos indica que Clodio Albino rechazo primeramente la oferta de Cómodo de convertirse en Emperador y era uno de los mas fuertes pretendientes al trono luego del Emperador Pertinax; el efímero sucesor de Cómodo; creo que esta claro que en primer lugar Albino rechazo el Trono Romano por obvias razones de las falencias que dejaba Comodo y los obvios peligros que a eso le rodeaban como fue el asesinato de Pertinax.

Llamo Albino a sus mensajeros y camaradas, a todos y cada uno por separado de modo que pudiera dar instrucciones precisas a cada mensajero y espia.

Gaius Lucius Celer era bien conocido por haber empezado entre los entrenamiento y sistemas de espionajes romanos. Sus trabajos extras habían consistido en recorer las zonas de Lusitania y alrededores para mantener a la vista de los generales y comandantes las actividades allí. Y siendo el experto en esa actividad fue que en el ultimo tiempo llego a los oídos de Clodio Albino y lo mando a llamar a la provincia de Gallia Bélgica, en la capital Reims.

Clodio Albino fue avisado de que Lucios Celer había llegado a su palacio y se le indico al sirviente que lo haga pasar a la recepción junto con la guardia. Como era de esperar de un espia ante la presencia de un gobernador de provincia ingreso estudiando el lugar, cada arco de mármol, cada columna, cada estatua, y lo hacia con expresion de una admiración moderada. Nunca había estado en un lugar de tanto esplendor y mas aun ante la presencia de una persona tan importante por lo cual suponía que no le esperaria peligro alguno pero pretendía tanto reprimir su instinto observador que se esforzaba en disimularlo antes los guardia con un gesto de sonrisa cordial.

Finalmente llego ante el Rector Provinciae y no pudo menos que continuar disimulando su admiración. Esta era una persona de barba y facciones corpulentas típicas de una persona que se hubiera forjado una carrera militar desde muy joven edad. Pero la palidez de su piel y su barba era lo que en realidad llamaba la atención, haciendo honor al cognomen recibido de su padre al nacer Albino.

Una vez los guardia fueron retirados al gesto de Clodio Albino este hablo.

– Bienvenido a mi morada, Romano fielmente probado.

– El verdadero honor es mio, Rector Provinciae de Gallia Bélgica y de Britania…

– ..veras – interrumpio la pompa y honor que se le pretendía dar con una voz firma.- yo estoy aquí rodeado de estatuas de mármol blanco en honor los antepasados que han ocupado este lugar… y yo tengo el mismo color de ese mármol.

Albino dirigio su mirada a los ojos de Lucios. Lucios no sabia exactamente que pretendía que se le viese en los ojos para asi este poder mostrarle.

– ¿Crees tu que esto se deba a una concidencia? -preguntó Albino- ¿No pareciese como que en este lugar ya hay demasiado color blanco como para un albino?

Lucios no respondio nada y tampoco aparto su mirada de él.

– Como lo sospechaba -continuo Albino-. No tengo en frente mio a ningún aludalor ni charlatan. Tengo enfrente mio a un sencillo servidor de roma. Tan complejamente sencillo que ya ha visto las vías de escape y escondites y ha observado a mis guardias también. Y pece a sus muchos pensamientos y astucias no se sintio capaz de responderme esta pregunta por mas sin sentido que fuere… y eso es justo lo que esperaba de ti.

Veras -continuaba su discurso- mis padre fueron Aurelia Mesalina y Ceionio Postumio y me crie en el seno de la aristocracia un una ciudad cercana al Africa. Y esto derivo en que el propio emperador Marco Aurelio en sus tiempos me haya escrito dos cartas reconociéndome méritos y elogiando mi humilde pero basta experiencia militar. El mismo Marco Aurelio me dijo que sin mi las legiones estacionadas en Bitinia se habrían puesto del lado de Avidio Casio, y que ha tenido intención de nombrarme cónsul en su tiempo.

Albino hizo una pausa. Su dureza militar debía contrastar con una imagen noble de un Rector Provinciae.

– Entonces la misma pregunta se me formula aquí, leal servidor de roma.- prosiguió ya mas relajado- ¿Qué hago yo aquí perdiéndome en este lugar como una de esas estatuas que mucho representan, mas ninguna decisión podrán llegar a tomar mas alla de las que han tomado?

Roma es el camino que habre los caminos – prosiguió Albino- Mi lugar es alla. Pero debo tener una cosa muy en cuenta, Comodo mi amigo ha perdido la razón en estos últimos tiempos. Ya a quitado muchos puestos importantes a la los ciudadanos ilustres de roma y eso es lo que debemos detener tu y yo.

– Usted dispondrá de mi sabiduría señor.

– No, no, mi amigo. Para ti tengo instrucciones claras y precisas. Tu no eres la clase de espia que tendría optimo éxito en roma. Tus pareceres son algo brutos porque controlas tus brutos impulsos… Notaran de inmediato lo que no armoniza en el ambiente.

Volvió a hacer una pausa y continuo.

– Tu te encargaras de la provincia de Lusitania y su capital Emerita Augusta. Y yo te instruiré con precisión lo que deberas hacer… y , siervo de roma, no deberas fallarme bajo ningún concepto ya que conoces de mi grandeza y futura glorias que me han de condecorar.

(Historia inconclusa)