
La facultad que me dabas para hablarte es muy benévola, casi tediosa cuando tu aroma penetraba mis entrañas.
Oblicuo el sabor de tus burbujeantes incisos disertantes que me miraban muy a prisa. Me comunicabas de manera sensata, yo fui villano de tu locura. No buscabas por bostezos, manera tolerante a una flor. Gusto a polen que dejan las abejas en las flores. Te miraba y rápidamente ocultaba orgulloso la arrogancia desesperada de alterarte y calificar tu portadora de bellezas. Ni una sola mariposa se acostó para luego despertar y caer en tus llantos oportunos.
Sutilmente busqué cosechar caminos para hacer malabares con tu cabellera, cabellera que asechabas y ocultabas cuando lo inefable te entorpece logrando hacerte superar y vencer la oscuridad.
Sin límites de lealtad para una flor que sería invadida por seres arrogantes creyéndose que podrían enjaularte y buscarte en la eternidad.
No te debiste preocupar, porque allí estaba mis torpes manos para sustentar tus pasos y guiarte hacia el infinito, infinito que buscabas alcanzar hace tiempo sin que las circunstancias te hicieran sufrir sin tener a alguien que te nivelara hasta los confines del universo. Los latidos de mi corazón hicieron que pensarás que no hay importancia que pueda darte y aquí estuve soñoliento de hacerte notar mi interés sobre tu piel.
Deja un comentario